Suelo sentirla y escucho personajes, ellos y ellas cantan la experiencia, contenido del espejo donde se miran.
Cuando siento deseos, siéntola cerca y dramática , galopando la cien, de mi universo paralelo.
La siento querida, al correr los días y de qué aferrarse está mi pieza, donde cuatro dormir sueñan, el sueño suyo, la siento mía, hermanando mi olvido.
Al aventurar el destino, y al tirar la moneda, que siempre cae cara, enfrenta mi alma, la guitarra mía y grito las calles cuál padre el martillo, letras del cantante que me da vida.
La miro pararse recta, en el lugar que habito, veo su despertar temprano y su crecer cuando cocino, moviendo elementos para reinventar un plato, terminar el ciclo sirviéndolo y quedando satisfecha.
La máquina de la vida suele echarla abajo, pero no muere con cualquier insulto, suele cuidarme el sueño y vestirse de colores con el pasar de los días.
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